Critica Literaria
por Tamara Konrad
Esta historia se trata de una niña que vivía en un pueblo
con su familia. La niña va a su casa y va donde su abuelo que se encuentra
durmiendo y se coloca al lado de él a soñar o imaginar, pero su mama siempre la
sacaba.
El cortometraje mantiene una estructura en la que cada parte
queda a la interpretación del espectador; esto se debe a que no tiene textos ni
diálogos, solo imágenes, sonio ambiente y de personajes de forma inarticulada.
Para comenzar, la niña se encuentra sola en un posible patio
de escuela o plaza pública. Tras ella, un pájaro se encuentra alejado de otros
que comen semillas, dando a entender que la niña se siente sola, o es así,
solitaria e independiente, y, como veremos en adelante, que su única compañía –o
al menos la que verdaderamente disfruta- es la de su abuelo. Llega a casa en
busca de su abuelo, lo encuentra descansando y se coloca a su lado y se imagina
la libertad en las montañas y la clarides del rio tan trasparente, donde se
encuentra ella en forma de pez vulnerable. Su mama la ve molestando a su abuelo
y la saca para que el descanse. Almorzaron y volvió con su abuelo, se imagina
libre como un pájaro y a su como un árbol grande y sabio fuente de su vida ella
como fruta siendo parte de el, y luego se separan, su mama nuevamente la saca.
Todos estaban preocupadas y tristes ella entra a la pieza ahora vacía de ser
abuelo y se recuesta en su cama para recordarlo.
En conclusión, el análisis interpretativo que se ha hecho
del cortometraje animado nos ha permitido visualizar tanto símbolos como temas
importantes para la cultura japonesa como lo son los cerezos que simboliza la
vida nueva que era la niña que era parte de el árbol, que ella se imaginaba que
era su abuelo.
En mi opinión es un buen cortometraje porque se demuestra un
muy grande vínculo emocional entre una niña y su abuelo.
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